Faldón superior

Propuestas

El 22 de enero de 1817, el escritor francés Henri Beyle, conocido por el seudónimo de Stendhal, dejó constancia en su diario de la fuerte impresión que le había causado la iglesia de la Santa Croce de Florencia: «Había alcanzado este punto de emoción en que se encuentran las sensaciones celestes inspiradas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Croce, me latía con fuerza el corazón; sentía aquello que en Berlín denominan nervios; la vida se había agotado en mí, andaba con miedo a caerme».

El llamado síndrome de Stendhal se asocia, después de casi dos siglos, a reacciones físicas —angustia, temblor, palpitaciones— que aparecen cuando el individuo está expuesto a una gran acumulación de belleza y de obras artísticas.

Sin duda alguna, la sensibilidad de Stendhal habría sucumbido ante la imponente belleza natural del municipio de O Vicedo. Tal vez hubiese publicado un libro al respecto; por desgracia, los viajes del autor de ‘La cartuja de Parma’ nunca lo acercaron a Galicia. Pero no nos lamentemos, porque nosotros podemos disfrutar de los hermosos paisajes del concello de una manera que Stendhal jamás tuvo a su alcance, en kayak.

Desde el consistorio de O Vicedo, conscientes del rico patrimonio natural que lo rodea, organizan en colaboración con Actividades Estaca rutas en kayak durante los meses de verano. Se trata de una actividad de aproximadamente dos horas de duración y un coste de 15 euros, que parte del puerto de la capitalidad, cruza la ría en dirección a O Barqueiro, encara la desembocadura del río Sor y remonta un tramo navegable del mismo hasta Ribeiras do Sor. Nueve kilómetros disfrutando del panorama desde una perspectiva única.

 

VARIOS Y VARIOPINTOS son los lugares y las gentes que dan forma y significado a este rincón de Galicia que es A Mariña lucense. Una comarca diferente y heterogénea gracias a todos y cada uno de los escondites que la convierten en una realidad. Casas indianas del occidental concello de Ourol no dejan olvidar una época ya pasada, mariscales que perdieron al cabeza por abandonar sus históricas fortalezas, ferreiros que fraguaron su futuro a golpes e hicieron del hierro santo y seña de un orgulloso Riotorto. Una tierra, A Mariña y un mar, el Cantábrico. Un lugar para el recuerdo en el que es posible llegar a olvidar. Y es que todos y cada uno de estos lugares encierran un pedazo de historia o de cultura, de tradición o de naturaleza y el rezagado concello de O Vicedo no es una excepción.

HISTORIA. La pesca y la agricultura fueron el medio de subsistencia de los vicedenses durante gran parte de su historia. La producción de vino destacó en pleno siglo XVIII pero fueron las fábricas de conserva y salazón las que con el paso de los años emplearon a cientos de vecinos de esta localidad mariñana. Asimismo, fueron las minas de caolín las que dieron fama a este municipio más allá de su fronteras cruzando España hasta llegar a la Cartuja o Sevilla. Esta tierra de fuertes contrastes se caracteriza por lo accidentado de su terreno que atravesado por dos núcleos montañosos establece un perfecta simbiosis entre el dúo mar y montaña.

(Texto: BEATRIZ YÁÑEZ)

En el lugar en el que se encuentra la playa de San Bartolo, en Barreiros, el viajero puede visitar los restos de un castro celta, una capilla que mandó construir el propio apóstol y una área recreativa donde tomar un tentempié antes de darse un baño y disfrutar de la blanca y fina arena de la que presume este arenal.

cuenta la leyenda que el apóstol San Bartolo llegó a una playa de Barreiros en un barco de piedra sin remo y sin vela. Para celebrar su llegada mandó construir una pequeña capilla, de la cual la foto más reciente que se conserva es de 1942, y desde entonces el arenal lleva su nombre.

Hace muchos años que se celebra una romería que honra a este copatrono de la localidad y que se celebra el 24 de agosto. A la cita acuden los barreirenses para pasar un día en familia. Antes, los vecinos acudían a la playa para hacer la comida allí acompañados de gaiteiros que animaban la jornada. Hasta el arenal llegaban autobuses y coches de todos los puntos de la comarca para pasar un día diferente rodeado de romeros. Una vez echa la digestión, la verbena se hacía en la Praza do Concello. «Houbo varios veciños que loitaron para que a romaría seguise sendo deste xeito, pero finalmente perdeuse esta tradición de ir ao centro da vila para rematar a festa», indica Xesús Seivane, dueño del bar Moderno.

Ahora, la romería ha cambiado un poco. El día de la fiesta se inicia con una misa por la mañana en la capilla, luego se hace una procesión con la imagen de San Bartolo y finalmente, se hace una ofrenda floral en el mar. Lo que no se ha perdido de la tradicional romería son las comidas, que siguen siendo el principal reclamo de la fiesta y las familias siguen yendo a la playa para degustar toda la comida que llevaron hasta el lugar.

SITUACIÓN

El arenal en el que encalló el apóstol es una pequeña playa de 110 metros de arena blanca y fina. Cuando baja la marea, la playa se comunica con las que están más próximas, lo que hace que se puedan dar paseos por la orilla de hasta 5 kilómetros. Lleva muchos años siendo catalogada con la bandera azul que otorga la Federación Europea de Educación Ambiental, Adeac, lo que hace que muchos bañistas se acerquen a ella para disfrutar de una jornada tranquila y libre de vientos, pues está muy resguardada por las rocas.

En su interior se encuentra una fuente ferruginosa. «Agora recuperárona, antigamente a xente viña exclusivamente a esa praia pola fonte e enchíase toda a area de persoas», señala Seivane.

Romería San BartoloLas aguas de San Bartolo tienen mucho yodo y poseen propiedades curativas. En los años 60 venían a la localidad unos médicos alemanes con el único propósito de beber este agua, bañarse en la playa y respirar el aire de A Mariña. Hubo unos años en los que la fuente quedó olvidada, pero últimamente la gente recuperó la tradición de acudir allí para beneficiarse de las cualidades curativas que brinda.

Esta playa tiene también la meritoria fama de que entre sus arenas se pueden encontrar bíteres con suma facilidad. Los bíteres, también conocidos como ollomaos, son unos opérculos anaranjados que el mar arroja a sus arenales y que, según cuentan los más viejos del lugar, proporcionará un año de paz, amor y felicidad a quien lo encuentre. Por esta razón, antiguamente eran muy codiciados y la gente los buscaba entre la arena para poder hacerse con uno y llevarlo a su casa.

CAPILLA

La ermita que está allí construida es muy pequeña. Tiene unas dimensiones de 4,20 metros de frente y unos 11,80 metros de fondo. En el frontal de la edificación existe un pequeño escudo con las armas de los fundadores. En el retablo principal, también fueron talladas las armas de sus fundadores y en la parte inferior de estas se puede leer la siguiente inscripción: ‘A solo Dios honor y gloria de justicia solo’.

El entorno de esta capilla es muy utilizado hoy para la realización de actos de los colectivos barreirenses, ya que es un lugar emblemático de la localidad que se presta para este tipo de acontecimientos.

Al lado de la playa quedan los restos del vestigio celta más antiguo que hay en Barreiros, que también lleva el nombre de San Bartolo. El castro es una manifestación arquitectónica típica de la región galaica que se construyó en la época de la Edad del Hierro.

En este mismo entorno existe un área recreativa con bancos y mesas de granito y justo al lado de éstas, se encuentran las escaleras que conducen hasta la arena de la playa.


 

(Texto: MARÍA L. VIÑAS. Fotos: JOSÉ Mª ÁLVEZ / El Progreso de Lugo)

«MEDO, NON. RESPECTO, edo, non. Respeto si». É o que hai que ter para enfrontarse ás bestas segundo a experiencia e o relato dos propios aloitadores, un ‘oficio’ que polo seu carácter ancestral segue sendo terreo exclusivo de homes. Homes que hoxe en día plantan cara ao salvaxe para que a tradición non amorteza. Homes novos como Diego Yáñez Cuadrado, que por paixón e «tradición familiar» volverá ao curro de Candaoso.

Os organizadores esperan a máxima afluencia nunha fin de semana abafante, co anticiclón petando e máximas en Galicia que poden chegar ata os 40 graos. En xornadas así, o curro xa ten recibido a 7.000 personas ávidas de bravo espectáculo.

Diego sube ao monte dende os 12 anos, cando só podía andar xogando cos poldros, pero aos seus 22, este traballador da planta de Alcoa pode presumir de estar entre os elixidos. «Poderíase dicir que xa son algo experto», afirma ríndose.

O mesmo que os cabalos medran libres nos montes de Viveiro, os aloitadores críanse entre bestas. É o único xeito para atinar no curro, para que o alto risco non se convirta en accidente. É a maneira de ter «artimañas», di Diego, e iso só se consigue «gustándoche os cabalos e medrando con eles; se non é moi díficil».

Cóntao quen hai dous anos recibiu unha malleira de campeonato por «andar facendo comedia». «Subinme a unha poldra que estaba gorda e era brava. Lanzoume contra os paus e saín voando», lembra.

O corpo mazado e unha perna queimada pola rozadura servíronlle de primeira experiencia para andar con máis ollo:«A base de golpes aprendes».

Sube o ton da voz cando explica os seus momentos preferidos da rapa, que son o corte das crinas e, sobre todo, a baixada dos cabalos dende os montes da serra do Buio, a primeira hora da mañá. «Baixas a moita velocidade. É unha adrenalina criminal», describe.

O único que bota en falta é máis xente nova como os seus amigos, que aínda que gostan dos cabalos non son tan arroutados coma el. Con todo, considera que sempre haberá xente que manteña a festa, aínda que sexan poucos homes, porque hai unha grande afección por parte do público.

Diego propón, improvisando, que quizáis establecer uns premios axudaría á formación de novos aloitadores, aínda que non sería coser e cantar, claro. E ao respecto reflexiona: «É que tampouco podes meter a xente que nunca andivo cos cabalos. Non é fácil. O cabalo nótache o medo e ponse máis bravo. É coma todo, necesítase tempo».

De tempo e tempos sabe o seu pai, da liga dos veteranos de Candaoso. Antonio Yáñez, de 48 anos, tamén empezou de novo como o seu fillo. Pero o dito, eran outros tempos nos que «tardábanos máis o día da rapa que nos tocara a lotaría», di. Eran días onde toda a rapazada das aldeas de Viveiro, Xove, O Valadouro e Cervo se achegaba ao curro aínda que fose a pé. «Eran das festas grandes do ano e tamén había máis gandeiros que agora», lembra.

Daquela, a feira tiña o atractivo engadido do valor do cabalo. Se hoxe o corte das «quinas» faise por guion antropolóxico, hai catro décadas tiña prezo de mercado, xa que esas melenas salvaxes das bestas -icono ao vento- eran vendidas para a fabricación, por exemplo, de brochas. Un cabalo podía aportar uns beneficios dunhas 150 pesetas, que «moito carto para a época».

Antonio é presidente dende hai seis anos da comunidade de montes en man común San Andrés de Boimente, que aglutina a 42 membros, quenes se encargan de sufragar os gastos da organización deste ano, un esforzo presupostado en 30.000 euros.

Neste sentido, a comunidade lanza a xeito de crítica a falta de axudas que padecen: «Non somos como a rapa de Sabucedo, eles si que reciben axudas», suliña Carlos Martínez, tamén membro da entidade, adicado, no seu caso, a labores máis protocolarias. «Si que me gusta montar a cabalo, pero do resto, máis nada. Cada un ten a súa tarefa e eu encárgome máis do traballo da organización no curro e de recibir ás autoridades».

Pola contra, no curro, pero man a man coa besta, é como máis goza Antonio, que xa dende pequeno adoecía de ansias por subir enriba dun cabalo e ser parte desa festa que botou a trotar cando era un cativo de tres anos.

Un neno traveso que pouco máis tarde xa tiña prohibido montar pero que intentaba saltar a norma cada vez que se lle presentaba a oportunidade.

Nin a morte do seu pai por unha enfermidade complicada a causa dunha patada dun cabalo arredouno de anos de curros e rapas en Candaoso.

A baixada da manda, a rapa, o marcado... Con cada un dos actos da ‘representación’ desfruta este home que tamén levou máis dun susto. «Me cago no Roberto Carlos», relata comparando co famoso futbolista a un poldro que lle propinou unha couce e mancouno nunha «canilla». Non foi moito, pero advirte que todo no curro é delicado. Por iso aconsella ao público que teña cabeza e que non se metan ao tolo. «Están avisados, pero a xente fai o que quere».

Un dos momentos máis esperados da festa é a pelexa de garañóns, a que ducias de fotógrafos queren inmortalizar cada ano.

«Isto é tradición», di Antonio. «Hai que deixar claro que é unha pelexa, pero non pasa nada porque se abracen un pouco», continúa. «Ademais, se se quentan moito e vemos que se poden mancar, separámolos e cambiámbolos por outros. Pero eles son así, pelexan pola propia natureza, polas eguas, porque queren ser os xefes».

Antonio fala como o sabio xefe dunha tribo, dunha tribo moi especial que ama a estes animais. «É normal, nacín no medio deles».

«Tardábanos máis o día da rapa que nos tocase a lotaría», asegura un dos veteranos de Candaoso

Sopas de allo, misas e comidas campestres

Ademais da rapa das bestas en si, Candaoso ofrecerá durante dous días diversas actividades para os visitantes.

Sábado, 6 de xullo

A partir das 14.00 horas terá lugar unha comida para os mancomuneiros e pola noite, sobre as 21.00 horas, unha degustación gratuíta de carne de poldro. A continuación celebrarase unha verbena coas orquestras Intervalo e Fénix.

Domingo, 7 de xullo

Durante esta xornada todos os asistentes poderán gozar coas típicas sopas de allo, misas campestres, competicións, carreiras, verbenas, grupos de gaitas e o espectáculo que ofrece a loita entre garañóns.

Carreira

Ás 10.00 horas terá lugar a baixada do gando dende os montes ata o lugar de encerro, onde se levará a cabo o corte das crinas e rabos das reses, o marcado a lume de poldros e a doma e carreira de cabalos.

Ás 13.00 horas haberá misa solemne e ao finalizar farase unha comida campestre.

A todo isto engádese a singular beleza do lugar, dende onde se poden contemplar espetaculares vistas. Pola noite, a orquestra Intervalo será a encargada de amenizar a verbena ata altas horas da madrugada.

Dende 1968

A rapa está considerada como unha das tradicións máis ancestrais de Galicia e se celebra en diversos lugares aínda que esta se realiza dende 1968 de maneira ininterrumpida.


Desde el 25 de junio y hasta el 12 de octubre está disponible el programa de visitas guiadas por el casco histórico.


La salida es a las 12.30 de la Praza do Campo y no es neceario anotarse previamente. El itinerario incluye la catedral, un pequeño paseo por parte de la muralla, Praza Maior, Santo Domingo y parte del Museo Provincial (claustro, mosaicos, refectorio y cocina). La visita tiene una duración aproximada de 90 minutos y cuesta 8 euros por persona, pero hasta los once años, los niños no pagan.

Para más información, los interesados pueden llamar a los teléfonos: 670 416 523, 606 425 591

 

 

La festividad de San Xoán estará presente en numerosas localidades de la provincia, destacando especialmente las villas de Sarria y Guitiriz.

Sarria celebra desde el viernes hasta el martes las fiestas de San Xoán, unas de las que gozan de mayor arraigo en la provincia, tanto por su tradición como por la calidad y variedad de las actividades que se ofrecerán al público durante los cinco días de festejos casi ininterrumpidos. Por su parte el San Xoán de Guitiriz mantiene su notable apuesta lúdica, que convierte esta fiesta en una de las más importantes de la provincia.

Casimiro non lembra a última vez que atravesou un túnel. Debeu de ser nesa nenez que agora se volveu vella, porque a viviu nos anos 40; pero non menos esperanzada. Este veciño da Pontenova sabe que montou no tren mineiro, o transporte que trasladaba o mineral local a Rotterdam, Androssan, Swansea y, en menor cantidade, a Baiona, Newport e Middlesborough. A carga desprazábase en barco, pero -como o río Eo non é navegable- recorríase a un tren que levaba a mercaduría ata o, daquela, porto internacional de Ribadeo, encarrilado sobre 34 quilómetros de vía.

A operación comezou canda abría o século XX. A Sociedad Minera de Villaodrid ergueu uns fornos na Pontenova, tendeu un cargadeiro sobre a ría de Ribadeo para deixar caer o ferro sobre as bodegas dos mercantes. No medio, cruzando en liña razoablemente recta os municipios de San Tirso de Abres e Trabada, deitaron unha vía ferroviaria que se mantivo en activo ata 1964.

Dende os primeiros tempos, en 1905, habilitouse un servizo para uso de pasaxeiros e Casimiro conserva a memoria, que non dá concretado, de ter acudido «ás festas do 8», as celebracións da patrona de Ribadeo, que ten lugar o día 8 de setembro.

Agora percorre todos os días os primeiros cinco quilómetros longos da Ruta do Ferrocarril, un tramo asfaltado que parte dos fornos da Pontenova e avanza sobre o itinerario que ocupou o tren mineiro. «Nunca cheguei ao túnel», recoñece en referencia ao túnel da Asela, o primeiro tramo cuberto de roteiro que atopa.

A Balastreira, que era como se coñecía á máquina que tiraba polos vagóns de pasaxeiros

 e polas vagonetas de mineral, daba a volta na estación de Ribadeo, da que agora quedan en pé as paredes e as fotografías en branco e negro. Do mesmo xeito, Casimiro fai a súa manobra de viraxe segundo chega ao primeiro dos ‘casetos’, «no apeadeiro do Cairo», coma se fose entrar no ámbito exótico do antigo Exipto.

Casetos

Os casetos son casoupas duns catro metros cadrados que se erixiron en pizarra, teitáronse en madeira e lousáronse con piso de terra; atópanse a cada certa distancia no camiño. Ao seren edificadas polos veciños, hai carteis que suliñan o seu valor etnográfico. A súa función era ter conta do carbón que A Balastrera consumía como combustible, así como das bicicletas, e mesmo das elitistas motocicletas que os viaxeiros deixaban aparcadas no seu desprazamento á vila costeira, onde o cheiro pesado a carbón víase desprazado no aire polo recendo salgado do salitre. Pouco tempo máis tarde, chegaba a felicidade de deterse suavemente na estación, estricar as pernas e liberar os apoios traseiros do traqueteo e da dureza inmisericorde do asento. A seguir, coma acto de dignidade, sacudíase a roupa de estrea da levísima capa de borralla que o veara.

Curiosidade

«Non faltarei ao meu paseo por esta ruta máis de dous ou tres días ao mes», asevera Casimiro, o camiñante que «nunca» se deixou vencer pola súa curiosidade de revisitar ese cilindro que describe unha curva prolongada de 173 metros. Para un meniño, atravesar aquela escuridade fonda atordado polo abaneo brusco e axordecedor dos vagóns debía de ser como montar no tren da bruxa.Hoxe en día, este túnel e os outros cinco do sendeiro, ven aliviado o seu aire tétrico grazas a unha cadea de lámpadas brancas que vai alumeando os pasos pola terra e a lama,

 entre as paredes de pedra ou de rocha viva, baixo un teito que pinga a auga filtrada pautadamente.

A lanterna non se bota de máis cando se trata de deleitarse coas manchas de ferro embarrado que esvara con lentitude secular sobre as estalactitas, que son tan breves como a angustia que provoca o espazo pechado.

A boca luminosa agárdanos con agarimo, pedíndonos simplemente que vaiamos colocando con confianza un pé diante do outro para atravesar o arco de luz que nos devolverá á paisaxe de ameneiros, dedaleiras, garduñas salvaxes e paporroibos inocentes. Un vieiro que ten o río Eo sempre á beira esquerda.

A ruta atravesa outros túneles, aínda máis longos, aínda máis escuramente emocionantes -como o de Piagolongo-, para quen entusiasme coa incertidume das penumbras e cos caprichosos xogos de cores negras e ocres cos que van tinxindo as paredes tanto as décadas como as escorreduras de auga.

O río segue estando ao carón, facendo soar as súas aguas lizgairas para tranquilizar o paseante. O curso fluvial tamén fai parada nunha presa, que se civilizou ata o nivel de construír unha escada de salmóns, unha estrutura que permite a estes peixes remontar o caneiro sen maiores esforzos.O caudal tamén se intentou aproveitar cunha estación eléctrica que Pedro García habilitou en 1932 para subministrar enerxía a unha fábrica de cristais ópticos que pretendía armar en San Tirso de Abres. Do proxecto restan a intención e unha nave na que aínda se conserva, nun estado decente, a maquinaria.

A Ruta do Ferrocarril sabe de proxectos porque tamén protagonizou en 2011 unha asentada iniciativa para ser prolongada dende Vegadeo ata Ribadeo, completando os 34 quilómetros que lembrarían con integridade o itinerario que cubría A Balastrera.

A proposta foi vencida pola crise, coma o tren foi vencido polos autobuses De Dion Boutón, de Trevín, e O Gasolín da Pontenova, e máis polos camións do Carrán, de Riotorto.

A única ‘vía verde’ galega das 72 que hai en España

O Ministerio de Administraciones Públicas, en colaboración con Renfe, decidiu en 1993 poñer en marcha o proxecto Vías Verdes. Consistía en mudar os itinerarios ferroviarios que estaban abandoados ou a medio faceren en rutas para camiñar ou montar en bicicleta, aproveitando as que eran de acceso fácil e estaban afastadas do tráfico rodado. Dende aquela, en España, construíronse 72 vías verdes, que suman 1.700 kilómetros de caminos ecolóxicos. A ruta do tren da Pontenova foi a única que aproveitou esta proposta en Galicia.

Desuso

En Galicia, malia o volume de tramos férreos en desuso ou antigos que atravesan contornas naturais, especialmente dende o desmantelamento dos trens de cercanías, non houbo unha iniciativa que aproveitase para vieiros pedestres ou ciclistas uns roteiros xa marcados hai anos para abrir paso ao tren en todo o país.

DolmesO percorrido desta ruta que abrangue os municipios da Pontenova, San Tirso de Abres e Trabada para rematar en Vegadeo ten seis túneles e unha ponte que preserva elementos orixinais e que atravesa o río con espectacularidade. Inclúe tamén no seu percorrido castros e dolmes prehistóricos, así coma un pazo que data do século XVIII, en San Tirso de Abres, e unha igrexa ben singular que foi erixida no século XVII e que se atopa ao paso da ruta pola parroquia de Conforto, xa no municipio da  Pontenova.

© 2018 El Progreso Rúa Ribadeo s/n, Lugo · Tlfno: 982 29 81 00

Please publish modules in offcanvas position.