DFinde,

  • Lecciones de historia, escultura y arquitectura desde el más allá

    Cementerio de San FroilánTexto: N. N.

    DESDE QUECementerio de San Froilánen el año 2010 el Consejo de Europa reconoció como itinerario cultural la Ruta de losCementerios, muchas son las ciudades que se han sumado a la promoción de sus camposantos como atractivo turístico. San Amaro, en A Coruña, el cementerio de Os Ingleses en Camariñas, Santa Mariña de Cambados y San Froilán, en Lugo, son los cuatro cementerios gallegos integrados en esta ruta.

    Y es que las ciudades de los muertos tienen mucho que enseñar a los vivos. La cultura de la muerte es parte de la vida, y estos espacios albergan lecciones de arquitectura, historia o paisajismo dignas de un paseo. Ya lo saben los continuos visitantes que reciben los cementerios de Père Lachaise, en París, La Chacarita, en Buenos Aires o el Cemitério dos Praceres, en Lisboa. Pero no solo las grandes ciudades de muertos tienen su interés, ni solamente el sueño eterno de los personajes célebres mece al visitante.

  • Ribadeo, un puerto franco

    Puerto deportivo de Porcillán, con Castropol al fondo
    Texto: JAUREGUIZAR // Fotos. JOSÉ MARÍA ÁLVEZ

    SI DUERMEN alguna vez en Ribadeo, es recomendable que lleven un despertador o que se acuerden de programar su móvil. Los ribadenses no necesitan hacerlo porque tienen sus oídos entrenados con tal agudeza que les despierta el canto poderoso de los gallos de Londres a miles de millas mar por medio.

    Esa facultad no se aprende en cursillos ni requiere unos cuidados en la higiene auditiva. Fue adquirido de modo natural por los ribadenses de finales del siglo XVIII cuando su puerto se convirtió en espacio de abrigo e intercambio para flotas de toda Europa.

    La Aduana Vella, un edificio solemne de piedra que se conserva en el puerto de Porcillán, acogió la firma de importaciones variadas: vinos y cereales de Francia, aguardientes del Báltico, bacalao de Terranova, textiles de Francia e Inglaterra, azúcar y sal de Portugal, hierro de Suecia,... Ese comercio supuso la presencia de agentes consulares y de firmas comerciales extranjeras. Cunqueiro juraba haber visto en el puerto de Rotterdam un punto de atraque con el nombre de Ribadeo grabado sobre la madera, pero no duden en tomarlo como una de esas mentiras jocosas del mindoniense.

    Casa indianaEl puerto ribadense tuvo un revivir a principios del siglo XX que nos dejó estructuras como O Cargadeiro, que era el lugar en el que se descargaba el mineral que llegaba en tren desde A Pontenova en los barcos atracados. Las instalaciones fueron reconvertidas en área de ocio conservándose una estructura metálica levadiza que sirve de mirador.

    Un centenar de metros más allá está el fuerte de San Damián, una fortificación del siglo XVII que debía proteger la ría de Ribadeo. Los ingenieros militares que lo diseñaron no contaron con que también debía vigilarse por tierra. Cuando asomaron por la costa los primeros corsarios, tardaron poco en tomarlo. Les bastó con desembarcar en un estuario cercano de la costa y sorprender a la guardia por su espalda.

    El armador local que ha traspasado el olvido de los siglos es Ibáñez. Su legado fundamental fue la fábrica de cerámicas de Sargadelos. Su palacio ocupa un lugar destacado en la villa. Lo hizo construir en O Campo, el lugar más llano según se va subiendo penosamente desde el muelle en una cuesta que ha formado grandes corredores y ciclistas.

    Ibáñez debía de sentirse el hombre que pudo reinar cuando paseaba por la balconada de lo que ahora es casa consistorial.

    Los hermanos Moreno regresaron del éxito migratorio en Cuba un siglo más tarde. Como si fuesen una duplicidad del Gran Gatsby, erigieron la Torre de los Moreno, en 1905, junto al palacio de Ibáñez.

    La torre, enferma crónica desde hace décadas, era una esplendorosa y amplia construcción de color claro. Está coronada por una cúpula roja que brilla gracias al salitre cuando sube la marea y el viento sopla hacia el interior.

    RibadeoIbáñez acabó escapando desde su casa acosado por una turba linchadora que lo acusaba de dar refugio a un teniente napoleónico en el interior de su pozo, pero los Moreno pudieron reinar.

    Nadie podría discutirles que eran los amos del mundo cuando se subían a la cúpula para fumar un habano confirmándose el uno al otro de que no había edificio más alto ni más bello en toda la tierra que alcanzaban con la vista ni siquiera en la ría por la que, entonces y ahora, navegan singulares botes de vela latina.

    Por la parte trasera de su edificio, los Moreno se deleitaban con las decenas de tejados de casas marineros y comerciantes que forman el casco viejo. Bajando por la calle más antigua de la villa, la de la Trinidad, entre casonas blasonadas -con escudo improvisado por comerciantes adinerados del siglo XIX, en muchos casos- podían visitar A Atalia.

    El espacio, urbanizado con la mejor intención y el peor gusto, está presidido por una solemne capilla medieval del siglo XII que tiene en su frontal el escudo de la villa: una llave y un estrella levitando sobre un mar. Ese mar, en forma de una de las rías más espectaculares que se pueden ver en Galicia, se encuentra enfrente.

    Como promotores de su torre, los Moreno podían también mirar desde su cúpula hacia O Campo de San Francisco, un parque que ofrece placer estético a los visitantes, buena sombra a los jubilados y una Bombonera de dimensiones reducidísimas en las que entrenan improvisadamente decenas de futuras figuras de la Champions.

    Una de las porterías laterales de la iglesia de Santa María do Campo es, de manera literal, una portería en la que marcar.

    Enfrente del templo, discurre la calle de San Francisco, en la que suele haber terrazas con vocación de permanencia a lo largo del día y otra casa de indianos como la Torre de los Moreno, la Casa de Loriente.

    Bajando por una de las calles perpendiculares, Villafranca del Bierzo, llegaremos a las Cuatro Calles, el cruce peatonal con la segunda densidad poblacional por metro cuadrado de Galicia. Todo ribadense debe pasar cuando menos una vez al día para no perder su condición y dejarse ver. Incluso Ibáñez intentó escapar por ese corredor, siendo allí descabalgado para enfrentarlo a la barbarie, tan colectiva como anónima.

    Torre de los MorenoMUELLE

    En ese encuentro de calles, hay una, El Viejo Pancho -antes, Angustias-, que desciende bravamente hacia Porcillán, habilitado como puerto de ocio, con decenas de yates y botes armoniosamente atracados. La oferta hostelera es variada y permite disfrutar de vistas de la ría a nivel de agua.

    Otra alternativa en las Cuatro Calles es continuar el paseo para llegar a la maravilla de casas coloniales y modernistas que es la calle de San Roque. No en vano, Ribadeo posee la mayor concentración de casas indianas de Galicia. Los emigrantes que regresaron en los siglos XIX y XX devolvieron la riqueza añorada a la villa.

    Esa calle se inicia a su mano derecha, según se camina hacia las afueras, con cuatro casas de indianos adosadas: Axudantía, Torres, Rodríguez Blas y Andés. Cerca está la Casa de Sarmiento. Al fondo, tras pasar la Casa de Docobo, está otro grupo: la Casa Rosa, La Calzada y la Casa de los Enanos.

    Continuando en esa dirección llegaremos a la capilla de A Virxe do Camiño y a una nuevo palacio colonial, la inmensa Casa de Sela, que tuvo un jardín en el que se podrían disputar varios partidos del Mundial de Fútbol de manera simultánea.

    A partir de ese punto comienza la Ruta das Praias, que está señalizado y conduce, arenal tras arenal, hacia el único lugar de Galicia con más densidad poblacional que las Cuatro Calles y, a este paso el lugar con más población de paso de Europa: As Catedrais.

    DÓNDE COMER:

    Villaronta, especializado en pulpo (982.12.86.09.); Restaurante San Miguel (982.12.97.17.); Hotel Voar (982.12.86.85).

    PARA DORMIR:

    Parador (982.12. 88.25.), La Balastrera (982.12.00.21.) Mi Norte (982.12.30.34.).

© 2018 El Progreso Rúa Ribadeo s/n, Lugo · Tlfno: 982 29 81 00

Please publish modules in offcanvas position.